En el escenario del cambio climático al que estamos asistiendo surge una pregunta importante para Tucumán: ¿puede ser afectado el cultivo de la caña de azúcar? En las últimas semanas es común ver cañaverales en floración. Y esto no lleva a la pregunta: ¿por qué sucede? Desde la fisiología de los cultivos conocemos que el crecimiento de una planta depende de muchos factores: suelos, disponibilidad de agua, radiación solar y temperaturas, manejo agronómico, además de otros factores como las variedad o genética.

La floración de la caña de azúcar en particular depende de varios factores, entre ellos el fotoperiodo —es decir, la cantidad de horas de luz que recibe diariamente—, las temperaturas mínimas, la edad de la planta, la humedad y la variedad, entre otras.

Situación paradójica

Durante su etapa de crecimiento, la caña necesita temperaturas relativamente altas para desarrollar hojas y tallos. Sin embargo, para madurar y acumular azúcar, necesita que se den determinadas condiciones de temperatura, radiación y humedad. En esta etapa, las temperaturas nocturnas tienen especial importancia: noches más cálidas pueden hacer que la planta continúe creciendo cuando debería comenzar a destinar una mayor parte de sus recursos a acumular sacarosa en el tallo.

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Esto puede generar una situación paradójica desde el punto de vista productivo: una caña puede producir más toneladas de materia vegetal, pero contener menos azúcar por cada tonelada de caña. Por eso, para la industria azucarera no alcanza con producir mucha biomasa; lo importante es lograr que esa biomasa llegue a la cosecha con una adecuada concentración de azúcar. Desde el punto de vista industrial, la floración es “indeseable” cuando se busca maximizar azúcar, porque el tallo cambia su comportamiento fisiológico.

La conclusión fisiológica es que la floración de la caña está claramente relacionada con las temperaturas nocturnas, pero dentro de un sistema en el que el fotoperíodo es la señal principal y la temperatura actúa como modulador. Las noches inferiores a aproximadamente 18 °C son poco inductivas para disparar la floración, mientras que temperaturas nocturnas alrededor de 21–23 °C favorecen la floración en condiciones fotoperiódicas apropiadas.

Menor amplitud térmica

Esto adquiere especial importancia en Tucumán. Los estudios de Minetti y González sobre el cambio climático provincial muestran que, entre otros cambios, las temperaturas mínimas han aumentado y la amplitud térmica tiende a disminuir. A esto se suman modificaciones en las lluvias y períodos de mayor humedad y nubosidad, cambios que los autores definieron como una “tropicalización” del clima tucumano.

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La coincidencia de estos dos fenómenos permite plantear una pregunta que merece ser estudiada: ¿el aumento de las temperaturas mínimas nocturnas está favoreciendo actualmente una mayor floración de la caña en Tucumán? Si así fuera, el cambio climático no solo estaría modificando la maduración y acumulación de azúcar, sino también el comportamiento reproductivo de la planta. No se trata todavía de una conclusión, sino de una hipótesis concreta y comprobable.

En distintos países, estudios han mostrado que el aumento de las temperaturas, especialmente las nocturnas, puede reducir el rendimiento sacarino. Algunos modelos desarrollados en la India, por ejemplo, estimaron pérdidas cercanas al 3% en el rendimiento de azúcar ante un aumento de 2 °C. Estos resultados son una señal de alerta, pero no pueden extrapolarse directamente a Tucumán, porque nuestras variedades, suelos y condiciones climáticas son diferentes.

Dos direcciones

En Tucumán deberíamos avanzar en dos direcciones. Primero, comparar los registros de floración de las distintas variedades y localidades de Tucumán con las temperaturas mínimas registradas durante el período de inducción floral utilizando modelos estadísticos e inteligencia artificial para determinar cómo influyen las temperaturas mínimas, la amplitud térmica y otras variables. La respuesta podría aportar una nueva pieza para comprender cómo está cambiando la fisiología de la caña frente al nuevo clima tucumano

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Segundo, realizar ensayos de campo con distintas variedades y en diferentes regiones de la provincia. Aquí la agronomía, la genética y la biotecnología tienen mucho que aportar para identificar y desarrollar materiales capaces de adaptarse al clima futuro.

Para ello se necesitan recursos. El estudio del cambio climático sobre la caña debe ser considerado estratégico para Tucumán y contar con financiamiento público y privado sostenido.

Anticiparse

La advertencia no es que Tucumán vaya a dejar de producir azúcar. Es que el clima que permitió construir nuestra actual producción azucarera está cambiando y todavía no sabemos con precisión cómo responderá nuestra caña.

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Anticiparse significa investigar hoy para saber dónde, cuándo y cuánto puede afectarnos el cambio climático y convertir ese conocimiento en decisiones productivas. Anticiparse al cambio climático también es defender la producción, el trabajo y el futuro azucarero de Tucumán. Sin duda los expertos tucumanos en caña de azúcar tienen la palabra y podrán aportar en este tema.